¿Somos población de riesgo?

Las actuales normativas que regulan parámetros máximos de concentración de sustancias tóxicas en el aire, o el nivel máximo de radiación –laxamente – permitido por las regulaciones actuales están pensados para la población adulta. ¿Nos encontramos todas y todos bajo las mismas condiciones de partida?

Las mediciones que realizamos conforme a la norma SBM 2015 son, como ya se vienen indicando, valores preventivos para zonas de descanso. La predisposición genética y el ambiente en el que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo son determinantes para alcanzar una mayor de sensibilidad a cualquiera de los factores de riesgo físicos, químicos o biológicos que analizamos.

Sin embargo, hay grupos específicos de personas más susceptibles a estas afecciones, y que tienen (tenemos) una mayor probabilidad a desarrollar una hipersensibilidad. Se trata de población más sensible ante la exposición a un agente tóxico, alterador biológico o radiación, y consecuentemente, los efectos sobre la salud sobre este grupo de población puede ser más relevante. Y en este grupo, la franja de edad tendrá mucho que ver con la mayor sensibilidad. El sistema nervioso central es más vulnerable en el período embrionario y fetal – más aún durante las primeras 9 semanas de gestación, cuando el tubo neural está en pleno proceso de desarrollo y su adecuada formación es la base para el propio desarrollo posterior del feto, y con consecuencias para un adecuado estado de salud en la edad infantil y adulta. Como bien expresa nuestra compañera Elisabet Silvestre en su libro “Vivir sin tóxicos”,

“Desde la fase embrionaria hasta la adolescencia, con el organismo en constante desarrollo y maduración, cada etapa abre ventanas distintas de fragilidad en los más pequeños, siendo unos órganos más sensibles que otros a la exposición a determinados agentes tóxicos y, por tanto, pueden aparecer efectos distintos, más sutiles o más agudos”.

Es decir, que la exposición a agentes contaminantes comienza durante la fase de gestación, y ambientes contaminados como el humo del tabaco, la exposición a determinadas sustancias químicas, o directamente las sustancias bioacumuladas en el organismo de la madre, como sustancias tóxicas persistentes pueden transferirse al feto vía placenta. Siendo sustancias que aparentemente puedan ser inocuas para la madre, no lo son para el feto.

Además, según la OMS, el 40% de la carga mundial de enfermedades y factores de riesgo ambientales recae en niños y niñas menores de cinco años – que constituyen únicamente el 10% de la población mundial.

“La infancia es una etapa especialmente vulnerable a los peligros ambientales pues se está en continuo crecimiento y se consumen más alimentos, aire y agua que los que consumen los adultos en proporción a su peso. Sus sistemas inmunitario, reproductor, digestivo y nervioso central aún están en desarrollo. Y además se encuentran más cerca del suelo, donde se acumulan la mayor parte del polvo y las sustancias químicas.” Elisabet Silvestre – Vivir sin tóxicos

Así pues nos preocupa también la exposición de mujeres gestantes a factores de riesgo que no son del todo conocidos por la sociedad, y de lo que no se les informa en los centros de atención a la mujer o centros de salud donde se realiza el seguimiento de su gestación. En la actualidad, al margen de la recomendación de la ingesta de ácido fólico, o algún otro complemento vitamínico si la analítica lo requiere, las recomendaciones sobre la salud se centran en la prevención de la toxoplasmosis (de nuevo, leve para la salud de la madre, pero que puede causar problemas en el desarrollo posterior del bebé), y recomendaciones básicas de salud general, sin especificar ninguno de los aspectos que vemos que pueden ser determinantes para la salud de la gestante, del embrión, el feto, el futuro niño o niña, y desde luego para el futuro adulto. No se informa sobre electrocontaminación, tóxicos, disruptores endocrinos o contaminación microbiológica en población de riesgo. Y precisamente es esta la población más sensible a estas afecciones, sin ni siquiera muchas veces saberlo.

¿Dónde puede estar el riesgo de la población de riesgo?

El conocido como “síndrome del nido” en la casa de una gestante llena la vivienda de nuevos accesorios, mobiliario, cortinas, alfombras, ropa, juguetes, tecnología, y sobre todo, productos de todo tipo para la cosmética y la higiene personal de la gestante y su futuro hijo o hija. Como muestra, ¿sabían ustedes que los pañales desechables comerciales pueden contener dioxinas, poliacrilato de sodio (un polímero súper absorbente, que se transforma en gel en contacto con agua o líquido, y que fue utilizado en tampones en el inicio de los años 80, y retirado de estos productos de higiene íntima cuando se reveló que este tipo de absorbente aumentó el riesgo del síndrome de shock tóxico) o incluso TBT – “tributil de estaño”, un contaminante muy tóxico conocido por causar problemas hormonales en humanos y animales?

Como afectan cada uno de estos elementos en la distorsión de las condiciones básicas de salud en el interior de las viviendas da para una explicación bien extensa, pero se detallará por su importancia en la salud de la madre y el bebé el tema de los disruptores endocrinos, ya que son sustancias que podemos encontrar en el día a día cotidiano, tanto en cosmética, en productos de limpieza o en equipamiento y sus efectos a largo plazo pueden ser más que significativos.

Son varias las guías que dan información precisa y exhaustiva sobre el tema, como parte de la recogida en la Documentación del presente blog, pero, resumiendo:

¿Qué son los disruptores endocrinos (EDC)…?

Los alteradores endocrinos u hormonales son sustancias químicas capaces de alterar la síntesis, liberación, transporte, metabolismo, enlace, acción o eliminación de las hormonales naturales en el organismo, es decir, son sustancias capaces de alterar el equilibrio hormonal y la regulación del desarrollo embrionario, y por tanto, con capacidad para provocar efectos adversos sobre la salud humana de un organismo o de su especie.

¿Dónde están…?

Podemos encontrar alteradores endocrinos en[1]:

  • Compuestos Orgánicos Persistentes (COP): sustancias organocloradas (PCB, dioxinas, HCB), perfloradas (PFOS, PFOA), bromadas (PBB, PBDE), etc.
  • Componentes plásticos: ftalatos (BBP, DBP, DEHP, etc.) y Bisfenol-A.
  • Componentes de detergentes: alquilfenoles (nonilfenoles, octilfenoles, etc.).
  • Ingredientes de cosméticos, productos de higiene y fragancias sintéticas: parabenos, triclosan, fitros UV (BP2, BP3, 4MBC, OMC), almizcles (MX, MK, HHCB, AHTN).
  • Plaguicidas, biocidas y herbicidas: organoclorados (DDT, hexaclorobenceno, clordano, clordecona, mirex, toxafeno, lindano, linurón, acetoclor y alaclor), organofosforados (paration, malation, clorpirifos, diazinon, diclorvos, etc.), carbamatos, piretrinas y piretroides, herbicidas (glifosato, atrazina, etc.), fungicidas (vinclocin y otros), etc.
  • Disolventes: estireno, percloroetileno, triclorobenceno, resorcinol, parafias cloradas, etc.
  • Metales y metaloides: plomo, cadmio, níquel, mercurio, compuestos organoestánicos, arsénico.

Es decir:

Producto Algunas sustancias tóxicas que pueden contener Alternativas/recomendaciones
Aparatos eléctricos y electrónicos
PBDE y PBB – piroretardantes, utilizados para prevenir el incendio del aparato
Equipos que no contengan estas sustancias. Apagar equipos cuando no se usan
Pinturas, lacas, barnices
COV (disolventes). Ftalatos (plastificantes)
Pinturas de base mineral o vegetal. No pintar estando embarazada o lactando
Productos de PVC blandos. Juguetes, ropa, cortinas de baño, papel pintado
Ftalatos (plastificantes) empleados para dar textura flexible
Elegir materiales naturales
Productos de limpieza
Organoclorados, alquilfenoles, triclosán
Simplificar los productos de limpieza. Elegir productos naturales como jabón de sosa, vinagre, limón, bicarbonato. Evitar el cloro. Desinfectar con vinagre.
Cosmética: champu, jabón, laca de pelo, esmalte de uñas, crema solar…
Ftalatos, parabenos, triclosán, filtros UV (BP2, 4MBC, OMC)
Escoger productos naturales. Evitar el uso de cosméticos durante el embarazo y lactancia. Evitar filtros químicos, vitamina A y nanopartículas en cremas solares
Ropa
Alquilfenoles, ftalatos
Lavar la ropa nueva antes de usarla. Evitar ropa con plastificados
Artículos y productos para bebés y niños
Lavar a los bebés con agua y jabón natural. Usar sólo aceites vegetales para hidratar (oliva, almendras…). Ropa de tejidos naturales, lavada y sin dibujos plastificados. Muebles de madera maciza (no aglomerados). Pinturas minerales en paredes y acabados. Evitar juguetes y artículos de plástico blandos
Tabla 1: Presencia de disruptores en productos y artículos de uso cotidiano y sus alternativas. Cuaderno 23 Ecologistas en Acción. Sustancias que alteran el sistema hormonal.

Por lo tanto, ¿podemos asegurar que cualquiera de estas sustancias y productos de uso cotidiano no están en el día a día de cualquier mujer embarazada, bebé y niño o niña en edad de máximo desarrollo?

¿Somos conscientes, nosotras y la sociedad en general de hasta qué puntos somos población de riesgo?

[1] Fuente: Cuaderno 23 Ecologistas en Acción. Sustancias que alteran el sistema hormonal

Bibliografía

CORE, Andrea; CREWS, David; DOAN, Loretta; LA MERRIL, Michelle; PARTISAUL, Heather; ZOTA, Ami. Introducción a las sustancias químicas que perturban el sistema endocrino (EDCs). Endocrine Society, 2014
JORDÁN L, Yolanda V. Tu bebé libre de tóxicos. UNO Ed., 2014
ROMANO, Dolores. Sustancias que alteran el sistema hormonal. Ecologistas en Acción, 2014
SILVESTRE, Elisabet. Vivir sin tóxicos. RBA Integral, 2014

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